Cinco actividades Montessori que puedes hacer con tus hijos este verano

1. Aprovechar el medio ambiente para aprender a cuidarlo. La naturaleza es el lugar ideal para potenciar la curiosidad de los niños, pues nos ofrece una gran infinidad de estímulos y cosas que podemos enseñarles. Como actividades concretas, por ejemplo, podemos crear nuestro propio registro de plantas, insectos o tipos de rocas. Así mismo, podemos dibujarlas en un cuaderno y apuntar características concretas de cada uno.

2. Juegos que estimulen sus habilidades y psicomotricidad. Hay multitud de actividades que ayudan a potenciar ciertas capacidades en los niños. En vacaciones, además, podemos aprovechar el propio entorno para hacer construcciones al aire libre o clasificar objetos de la naturaleza. Por ejemplo, desde hacer una caseta con palos, hasta un castillo de arena o colocar en una caja o bandeja elementos diferentes y jugar a identificarlos con los ojos cerrados, ¡las posibilidades son infinitas!

3. Tareas en casa para adquirir buenas costumbres: las vacaciones también son un momento idóneo para que los niños vayan realizando pequeñas tareas que, normalmente, no pueden hacer durante el resto del año por falta de tiempo. Con ello, dependiendo de su edad, podemos ir animándolos a realizar cometidos cada vez más complejos. Por ejemplo, podemos empezar por que recojan y limpien sus juguetes y, poco a poco, pasar a otras cosas como hacer su cama o poner la mesa, entre otras.

4. Cocinar juntos para potenciar hábitos saludables. Cuanto antes se familiaricen los niños con ciertos hábitos y costumbres, mejor, pues más interiorizados los tendrán en el futuro. La cocina, por lo general, puede ser un entorno más complejo y peligroso para ellos. No obstante, podemos adaptarlo y aprovechar para cocinar juntos comidas que, además, sean saludables: como ensaladas, helados o brochetas de fruta.

5. Leer cuentos y escribir un diario, cartas o postales. Aunque estemos de vacaciones, no debemos olvidar fomentar cuestiones necesarias para nuestros hijos como la lectura o la escritura. En este sentido, leerles cada día y animarlos a escribir su propio diario de verano, donde tomen nota de las experiencias vividas, los sitios visitados, los nuevos amigos hechos o, simplemente, las actividades realizadas y las emociones sentidas cada día. Si aún son pequeños como para saber escribir, también podemos animarlos a dibujar paisajes o alguna cosa que hayan hecho cada día.

Héroes y heroínas de la jardinería: cómo acercar a la infancia a esta beneficiosa actividad

Los que ya son aficionados a esta práctica lo saben bien: es una actividad muy gratificante y placentera. Ver cómo una semilla se transforma en planta, aprender a cuidarla y disfrutar de su belleza son algunas de las pequeñas grandes cosas que nos depara. Por eso os animamos a promover la jardinería desde la infancia, a enseñarles a conocer las necesidades de las plantas, a protegerlas con técnicas responsables, respetuosas con el medioambiente, a quererlas.

Su objetivo es concienciar a la ciudadanía (y nuestros hijos e hijas forman parte de ella) sobre los profundos vínculos entre la buena salud vegetal y nuestra vida cotidiana

Aprendizajes y recursos de la jardinería para niños

1. Cuidar de las plantas en casa

Dejar que los niños y niñas se encarguen de las platas en casa, en la terraza o el jardín, les hará más responsables y les servirá para adquirir grandes aprendizajes, como el riego adecuado, la identificación de las diferentes hojas y de los insectos que viven en nuestros jardines, incluidos los polinizadores: mariposas, mariquitas, así como el reconocimiento de las plagas y las formas de atajarlas.

Habla con ellos de la importancia de la luz del sol y de los métodos naturales de protección de las plantas, y construid casitas en las que agrupar insectos polinizadores.

2. Enséñales las necesidades de sus plantas

Explícales que cada planta tiene unas condiciones preferidas de luz, riego, suelo y nutrición, y que, si procuras proporcionárselas, reducirás su estrés (¡sí, las plantas también sufren estrés!) y conseguirás que crezcan más fuertes y bonitas. Cuéntales también que esa es una razón de peso para elegir variedades adaptadas a la zona en la que viváis: requieren menos mantenimiento y, además, combaten plagas y enfermedades de forma natural.

3. Comparte con ellos las maravillas de la naturaleza

Deja que el amor por la naturaleza crezca en ellos desde muy pequeños saliendo a menudo al campo en familia, compartiendo tradiciones e historias (¿recuerdas el árbol más alto al que trepaste de niño?), viejas recetas (los secretos de la mermelada de melocotón que hacía la abuela, transmitidos de generación en generación) y cómo las plantas son clave para la vida. Seguro que en vuestra historia familiar hay muchas cosas que les pueden interesar (¿eran vuestros antepasados campesinos?, ¿vendían frutas, verduras o eran artesanos de la madera?), y que harán que arraigue aún más fuerte su aprecio por el entorno.


Frases que necesita tu niño y niña escuchar


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